miércoles, abril 20, 2005

Todos somos creadores

Hubo un tiempo en el que la Cultura era propiedad exclusiva de los pocos que podían tener acceso a ella, el porcentaje de alfabetización era muy bajo, no había posibilidad de copiar los libros de forma fácil, y la música sólo se podía disfrutar en directo. Los avances tecnológicos, como la imprenta, y el cambio de forma de pensar que conllevó la Ilustración fueron acercando la Cultura a un número cada vez mayor de personas hasta la situación que teníamos en el siglo XX en lo que llamamos Occidente en el que practicamente todos los ciudadanos tienen la posibilidad de acceder a la Cultura aceptablemente garantizado. Como cualquier cosa en nuestra sociedad, esto se ha convertido en un negocio y uno muy lucrativo.

Pero las tecnologías no se han parado en el punto en el que a los actuales monopolios de la cultura les gustaría que se hubieran parado. El siguiente paso que estamos dando no es el del acceso a la cultura, sino el de la producción de la cultura, si en el siglo XV la imprenta propició que la literatura pudiera copiarse a gran escala, el avance de Internet es el de hacer llegar los canales de distribución cultural a todos los ciudadanos. El verdadero cambio que puede trastocar a la industria de la cultura, ya hablemos de música, de literatura o de la invención de nuevas formas de expresión, es la independencia de las grandes firmas para poder hacer llegar las nuevas creaciones al gran público.

Hasta ahora, para poder llegar a un gran número de personas, el creativo necesitaba pasar el filtro que imponían los grandes monopolios de los canales de distribución. Así, la Cultura estaba en manos de las decisiones de estos monopolios y de su afán de lucro. El primer golpe que están recibiendo es que al intentar controlar los canales de distribución en una sociedad en la que están en desventaja frente a las posibilidades de distribución de sus propios clientes, ven como su producto que ellos gastan tanto dinero en publicitar se distribuye solo sin generar los beneficios que a modo de espejismo están viendo delante de sus ojos. Sin embargo, el redistribuir el material que viene de estos monopolios es una pequeña parte del cambio.

El gran salto que nos ofrece esta tecnología no es la posibilidad de escuchar gratis lo que nos están mostrando en el escaparate de la tienda de discos, el cambio que tenemos ante nosotros es la posibilidad de escapar de esa rueda, de liberar del monopolio comercial a la cultura de forma que los criterios de selección sean públicos y no el privilegio de unos pocos. Es la capacidad de escoger sin tener un filtro previo. Así mismo, también tenemos la oportunidad de participar en el proceso creativo, de crear y distribuir nuestras propias obras, y no dependeremos de tener que convencer a un productor de que va a ganar mucho dinero con nosotros, sencillamente nos enfrentaremos al público directamente. Este es el cambio que los monopolios han de temer, y a la vez, un cambio inevitable mientras Internet sea una red libre.